Gestionar las cotorras desde la ciencia o desde el ruido. Por (*) José Postigo Sánchez

Las archiconocidas cotorras están presentes en numerosas ciudades españolas y en los últimos años han pasado a la primera línea de actualidad cuando los ayuntamientos de Sevilla y de Madrid han desarrollado planes para su control. Determinados grupos de la sociedad han puesto el grito en el cielo y han sacado su músculo para paralizar estos planes de control, pensando que están luchando contra un ayuntamiento, cuando en realidad luchan contra la evidencia científica, contra las publicaciones de los investigadores y contra décadas de informes que nos avisan que las especies invasoras son una de las mayores amenazas para la Biodiversidad en todo el planeta.

Un estudio publicado esta semana establece que la lucha contra las especies invasoras ha salvado de la extinción 25 especies de aves y 10 de mamíferos desde los años 90, por poner un solo ejemplo reciente.1 La adjudicación del plan de control de cotorras en Madrid ha sido anulada y se está haciendo presión para que se realice un control mal-llamado “ético” de la especie.

La principal diferencia entre la Ciencia y el Ruido es que la Ciencia se basa en publicaciones científicas revisadas por pares, donde se citan las fuentes, se explica la metodología, son firmadas por sus autores y además son públicas, por lo que están expuestas a crítica, aunque desgraciadamente existen a veces limitaciones de acceso.

El Ruido, sin embargo, utiliza expresiones como “se hace en muchos sitios” o “se sabe que” en lugar de citar fuentes, se basa en generalidades en lugar de dar datos concretos, utilizando términos como “asesinato” o “genocidio” para apelar a sentimientos primarios como la “rabia” o la “pena”, intentando evitar la reflexión. Por último, su mensaje es ampliamente difundido en redes sociales y muchos medios se hacen eco de sus propuestas, pero es casi imposible encontrar un documento detallado donde se describan las propuestas concretas y en qué se basan.

El resultado es que las recomendaciones de los científicos se basan en años de estudios públicos, en mediciones estandarizadas de sus impactos y en las experiencias de otros científicos, que nos dicen que las cotorras se han eliminado exitosamente en diferentes lugares de España. Sin embargo, las propuestas hechas desde el ruido proponen mayoritariamente dos posibilidades: Capturar las cotorras, esterilizarlas y liberarlas o alimentarlas con pienso esterilizante hasta que las poblaciones disminuyan solas.

La primera propuesta es un calco de lo que se hace con los gatos, pero en este caso va contra el artículo 333 del Código Penal y estaría castigada con cárcel.

La segunda propuesta es un calco de una medida propuesta para controlar palomas en las ciudades. En primer lugar, se simplifica el problema haciendo pensar que si se da pienso anticonceptivo ya no se reproducirán y por tanto irán disminuyendo las cotorras, pero la realidad es bien diferente. En primer lugar, los métodos anticonceptivos no parecen suficientes para reducir las poblaciones silvestres de aves,2 además y más grave aún, no se conoce la dosis que se tendría que aplicar a las cotorras para que tuviera efecto anticonceptivo, por lo que en realidad se está proponiendo una solución sin ninguna base científica ni técnica.

La mayor población fuera de Sudamérica

Lo peor es que al ritmo que están creciendo las cotorras, ya no tenemos tiempo para experimentos, sabemos, aunque no nos guste a nadie, que la única solución demostrada en poblaciones grandes de cotorras es usar carabinas de aire comprimido para erradicarlas y Madrid tiene la mayor población de cotorra argentina del mundo fuera de Sudamérica. Por otro lado, no hay ningún dato que haga pensar que el pienso anticonceptivo pueda disminuir la población de cotorras, lo que sí sabemos es que, si sigue aumentando, pronto no habrá forma de controlarlas, entonces seguirán haciendo lo que ya hacen, aumentar su población, expandirse a localidades cercanas y producir daños a los cultivos cada vez más cuantiosos, como ya sucede en Barcelona. En ese punto solo quedará la posibilidad de matarlas allí donde produzcan daños.

El resultado final será que, por no erradicar ahora 20.000 cotorras, vamos a dejar asentarse a una nueva especie cinegética, que se matará por cientos y luego por miles por todo el territorio nacional y así para siempre. Que nadie se lleve a engaño, no estamos decidiendo si matamos 20.000 cotorras o las dejamos vivir, estamos eligiendo entre eliminar 20.000 cotorras hoy o miles al año para siempre ¿qué te parece más ético?

José Postigo Sánchez

Investigador de la Universidad de Málaga

Máster en gestión, conservación y restauración de la biodiversidad

Autor de numerosos estudios sobre cotorras invasoras en España y Europa

Publicaciones disponibles en: https://www.researchgate.net/profile/Jose_Postigo2

 

1. Bolam, F. C., Mair, L., Angelico, M., Brooks, T. M., Burgman, M., Hermes, C., & Rondinini, C. (2020). How many bird and mammal extinctions has recent conservation action prevented?. BioRxiv.

2. Bynum, K. S., Eisemann, J. D., Weaver, G. C., Yoder, C. A., Fagerstone, K. A., & Miller, L. A. (2007). Nicarbazin OvoControl G bait reduces hatchability of eggs laid by resident Canada geese in Oregon. The Journal of Wildlife Management71(1), 135-143.

Fotografía: Archivo EFE / Cristóbal García

 

 

Guía @lifeinvasaqua:  “Cuidado, invasoras acuáticas”


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Especies exóticas invasoras de agua dulce y sistemas estuarinos: sensibilización y prevención en la Península Ibérica

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